Cuando la comunicación oficial no goza de buena salud

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Por Germán Thalman

Por fortuna, nadie va a enfermarse de desinformación. Ni padecerá trastornos por la confusión noticiosa. A lo sumo, sentirá alguno de los transitorios síntomas de la imperante neurosis colectiva: ansiedad, temor, hipocondría. Una desorientación pasajera que una dosis de información concisa y veraz podría resolver de inmediato.

A casi dos meses de haberse iniciado el aislamiento obligatorio, en Sunchales todavía no se le ha podido encontrar la vuelta para hacer eficiente la comunicación oficial sobre los reportes epidemiológicos que acontecen en la ciudad. El desorden no hace más que generar desconcierto, dudas y especulaciones en una sociedad por sí sensible a los rumores.

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Después del bochornoso episodio del caso “no positivo”, – se recordará que oficialmente utilizaron términos tales como positivo leve o de baja carga viral, ambos  inexistentes en cualquier protocolo médico referido a esta patología- desde el municipio se adoptó un criterio estricto para difundir información sobre la pandemia. Se hacen comunicaciones a posteriori del informe que emite la provincia y solo se difunden datos estadísticos, sin mayores comentarios que puedan resultar de interés. Un método cuestionable, pero método al fin.

El ministerio de Salud provincial, por ejemplo, difunde puntualmente una placa con datos sobre lo ocurrido en el día. Y lo complementa con un informe más detallado sobre casos sospechosos, vínculos epidemiológicos, pacientes recuperados y eventuales internaciones o decesos. Además, suelen difundirse comunicados de otros funcionarios que aportan más datos de interés, específicamente para medios de comunicación o para la comunidad en general.

Lo curioso es que en nuestra ciudad ese rol parece haberlo asumido de motu proprio la dirección médica del Hospital local, a través de sus espontáneos mensajes en redes sociales.  Aunque voluntariosa, esta decisión parece más un impulso individual que una estrategia acordada para sistematizar estos mensajes. ¿Esos criterios de información fueron acordados? ¿Deben darse por válidas ambas fuentes oficiales? ¿No sería más adecuado unificar los mensajes en una voz única?

El ejemplo más controvertido, -después del insuperable “no positivo”, claro está- se dio hace un par de días, con el anuncio de un nuevo caso sospechoso. A las 20.12 del jueves 14 de mayo, el municipio confirmaba, en sintonía con el parte provincial, la existencia de una muestra en estudio. Pero a las 21.29 de esa misma noche, la dirección médica del Hospital contradecía lo informado avisando que se trataba de dos casos en estudio. Una nueva e innecesaria confusión.

Ayer, otra vez por su cuenta, la dirección del Hospital dio detalles del deceso de una persona y la activación del protocolo funerario, aclarando que aún no se había recibido el resultado del hisopado. Otra vez, los rumores ganaron la calle y las redes sociales. El parte municipal de la noche nada aclaró al respecto y mantuvo los dos casos en estudio, como informó la Provincia.

Hace poco tiempo celebrábamos el gesto de grandeza de todo el sistema médico local para dejar a un lado históricas diferencias empresariales para aunar criterios en favor de atacar la pandemia. Ojalá ese buen sentido se contagie hacia la faceta comunicativa. En la crisis, la exigencia de informar con total responsabilidad es aún mayor.

Por cierto, esas tareas también deberían estar a cargo personas idóneas. Como los médicos se ocupan de temas sanitarios, los profesionales de la comunicación, de los muchos que prestan servicios en el sector público, deberían establecer las estrategias más convenientes ante estas circunstancias. Zapatero a tus zapatos.

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