Horacio Calderón: “Las posibilidades de retomar las negociaciones por Malvinas son muy bajas”

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“La realidad me lleva a pensar que ni Gran Bretaña ni la OTAN estarían dispuestos a retomar negociaciones por Malvinas”, sentenció el experimentado analista internacional Horacio Calderón, y ratificó la hipótesis manifestando que “si un nuevo desembarco militar es ciertamente inviable, qué razones tendrían los británicos para renunciar por vía diplomática a una plataforma que le da proyección geopolítica a la Antártida y que en el futuro le permitiría apropiarse de las riquezas naturales de esa inmensa región”.  

En el marco de la conmemoración por el “Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de las Malvinas”, Calderón dialogó con el programa “Pido la Palabra” y cuestionó la actual política de relaciones internacionales implementada por el gobierno argentino: “Hoy se están tratando de justificar algunas acciones de política exterior con Gran Bretaña en función del beneficio común de la explotación económica. Pero la soberanía no se debe renunciar a ningún costo. Cuanto más se alivie la situación de los ingleses con respecto al mantenimiento de Malvinas, más difícil será la posibilidad de que en el futuro siquiera quieran negociar algo”.

En el mismo sentido, el experto en temas internacionales calificó como “muy negativo” el tratado “Foradori Duncan”, rubricado por las Cancillerías de Argentina y del Reino Unido en septiembre de 2016 para permitir la pesca y la explotación conjunta de hidrocarburos en las Islas: “Es letal para los intereses argentinos”, fustigó Calderón y acusó a la dirigencia política por “carecer de patriotismo, porque son personas que han desarrollado su vida en multinacionales, y para de ellos la Patria eran las empresas y no la bandera argentina”.  De todas maneras, aclaró que “esto no le quita responsabilidades a las autoridades del gobierno anterior, ni los demás precedentes”.

“Si nos seguimos acostumbrando a mantener el estado de indefensión de nuestro país, Argentina tiene un futuro desastroso”, analizó Calderón y ratificó que  “nos encontramos en un estado de indefensión, sin inteligencia nacional, estratégica o táctica y carcomido por el narcotráfico en materia de seguridad interior”.

En ese contexto, vaticinó que “podemos esperar una situación muy próxima a la desintegración del país, desde el punto de vista geográfico. Nos pueden inventar una Siria, o una Libia, con total facilidad, es decir, fabricar un conflicto interno que sirva como base para la intervención humanitaria, que termina con la muerte de decenas de miles de personas, como ha ocurrido en tantas partes”.  Y parafraseó: “Estamos ante un Cromañón militar, de seguridad y de inteligencia”.

Su rol durante el conflicto

Horacio Calderón, escritor y analista internacional, es considerado un experto en asuntos del Medio Oriente y  África del Norte, cuyos países conoce profundamente, luego de realizar más de cincuenta visitas a esas regiones. Es además un reconocido especialista en terrorismo y contraterrorismo, y ha dedicado buena parte de su carrera al  estudio del fenómeno extremista islamista.

Durante la Guerra de las Malvinas fue designado por el Comando en Jefe de la Armada Argentina (ARA) para el cumplimiento de una importante serie de misiones secretas de inteligencia y procuración de apoyo material por parte de países árabes, principalmente Irak y Libia.

En primera persona, relató los hechos vividos en 1982: “Para mí, el desembarco no fue una sorpresa, porque meses antes, un asesor del Canciller Nicanor Costa Méndez, me consultó sobre la posición de Jordania -que en ese momento estaba en el Consejo Asesor de Naciones Unidas- en caso de que Argentina tuviera alguna crisis en sus relaciones con Gran Bretaña con vinculación al tema de las Islas. Mi respuesta fue que votaría en contra, ya que el Rey estaba muy allegado a la casa Real británica y tenía apoyo económico y militar, situación que la Cancillería no tenía en sus planes”.

“En 1976 participé de una misión cultural a Libia, en tiempos en que se produjo el incidente conocido como la “Misión Shackleton” (NdelaR: una flota británica estudiaba el Mar Argentino en busca de petróleo y Argentina respondió echando al embajador en Buenos Aires y cañoneando a los ingleses por invadir el mar territorial). En una reunión mantenida entre las delegaciones, el Coronel Muammar Khadafi dejó una carta de intención ofreciendo dos escuadrillas de aviones Mirage, con o sin piloto, para dar apoyo a nuestro país ante una eventual crisis con los ingleses”.

“Durante el conflicto del 82, insistimos ante el gobierno argentino, con bastante poco éxito, para retomar el ofrecimiento de Khadafi y gestionar otros misiles tierra aire Sam7 que ya operaban en Libia.  Recién en mayo, la Armada me convocó, de manera tardía, para interiorizarse sobre el tema de esa carta, así que hicimos varias misiones para requerir el apoyo de Libia”, relató Calderón.

Sobre los motivos que desembocaron en la intervención militar, Calderón negó rotundamente que el gobierno de facto argentino haya dilatado las negociaciones con los británicos para forzar la guerra. “Esa versión es totalmente falsa. Nunca los británicos dieron algún tipo de oportunidad para siquiera poder ‘compartir’ la soberanía sobre las Islas, al estilo de lo que ocurrió en Hong Kong”.  Y ratificó que “nuestro país es heredero de todas las posesiones en el archipiélago como sucesor de la corona española, tal como se dispone en la doctrina Uti possidetis iuris”.

En otro orden, Calderón sí dio crédito a la hipótesis de que nuestro país fue empujado a la guerra por la propia OTAN: “Creo que la Argentina cayó en una trampa, en una emboscada preparada por Gran Bretaña y acompañada por los Estados Unidos, no me cabe duda de eso”, y refirió a la similitud con otros casos, como el ocurrido en Irak, con Sadam Hussain, alentado por los Estados Unidos para incursionar en Kuwait, aunque luego se tomaron represalias.

Respecto del desarrollo estratégico de la guerra, Calderón comentó que “la persona que cargó con la responsabilidad política fue el Almirante Anaya”, quien había preparado la misión desde su instrucción militar, y ratificó que la operación estaba decidida mucho tiempo antes: “Eso condujo a la remoción de Viola, para darle el cargo Galtieri. La  Armada dio el apoyo pero lo condicionó a la realización de la operación de Malvinas”.

“Si Argentina hubiese salido victoriosa, Gran Bretaña hubiese regresado dos o tres años después, con un efecto mucho más catastrófico para nuestro país”, especuló Calderón y confirmó errores en la estrategia militar manifestando que “la operación era más conocida por los británicos y por los estadounidenses que los propios argentinos”.

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