La clase política sigue perdida en su propio laberinto

0
Publicidad

Por: Germán Thalman.

“La clase política no es la que hace esfuerzos, la clase política dicta normas y gobierna del modo que le parece que es el más adecuado”, argumentó sin ruborizarse el senador del Frente de Todos, Carlos Caseiro, minutos antes de que la Cámara Alta sancionara el mega ajuste solidario impulsado por el nuevo gobierno.

Y remató con un sincericidio que bien describe cómo se perciben muchos de los que deben representarnos: “La clase política no es un elemento fundacional o productivo del país”. Traducido: es un ente autónomo del resto de la sociedad civil, con un código propio, inmune a la mala praxis que ellos mismos cometen.

Mientras tanto, jubilados se quedan sin aumentos, trabajadores pierden contra la inflación y empresarios enfrentan un nuevo impuestazo, nacional y provincial, como acción solidaria para equilibrar las cuentas del Estado. La política, tarde y sin ganas, apenas si amaga con un gesto tibio.

Pero no hay que ir muy lejos para encontrar más ejemplos de estas incoherencias de la política. Ese doble discurso que expone demagogias y mezquindades.

Publicidad

Aun cuando el Concejo municipal local maneje un presupuesto ínfimo comparado con los recursos que administra el Departamento Ejecutivo, también se pueden encontrar capítulos de este “haz lo que yo digo mas no lo que yo hago”.

Tomemos por caso al concejal Trinchieri, un paladín de la austeridad. Abogado, con dieciséis años al frente del Ejecutivo local y dos más como concejal. Viene a darse cuenta ahora que necesita un asesor letrado para los próximos años. Ansiosos estamos por ver cuán prolífero será el trabajo del tándem de juristas dispuestos a controlar y generar normas que mejoren la vida de los vecinos.

Pero más llamativo es el caso del flamante bloque del PDP, que estrenó su rol opositor cuestionando el mal gasto del Ejecutivo y se promocionó a través de una iniciativa destinada a suspender por seis meses los aumentos de concejales y otros funcionarios políticos. Un buen gesto, salvo que casi al mismo tiempo y por lo bajo, no renunciaron a beneficios económicos que, dada la gravedad de la crisis que se atraviesa, bien podrían haberse postergado.

En una de sus primeras intervenciones, la concejala María Alejandra Porporatto pidió sumar un asesor para su trabajo legislativo. Curiosamente, en el debate previo a las elecciones, la por entonces candidata se había manifestado contraria a este tipo de contrataciones, proponiendo que el Concejo tuviese solo dos asesores generales –uno contable y otro jurídico- para todos los bloques. O no tuvo tiempo de hacer el planteo ante el cuerpo deliberativo o cambió de idea apenas inició su mandato. 

Pero más extraña parece la decisión de su par, Horacio Bertoglio, quien adhirió al bochornoso privilegio dispuesto en el artículo 24 Bis del Reglamento Interno del Concejo, que lo habilita a percibir una remuneración adicional por exponer como dedicación principal su labor de concejal. En un año, el edil habrá percibido una suma cercana al medio millón de pesos, solamente por concepto de este sobresueldo del que, hasta ahora, no se conocen destinos especiales, caritativos o solidarios. Parafraseándolo: ¿Esto no les duele?

El polémico artículo mencionado, impulsado en 2016 por el bloque del Frente Progresista, nunca ha sido objeto de un debate formal, ni jamás nadie se animó a derogarlo, a pesar de que no existen incentivos similares en otras ciudades de la provincia. Una especie de silencio cómplice que pone en decadente igualdad a todas las fuerzas políticas.

Con esta decisión, Bertoglio será el primer concejal no oficialista en acogerse al beneficio. Solo la concejala Ochat viene percibiendo la retribución extraordinaria desde su creación, mientras que Lamberti, uno de los impulsares de la controvertida medida, lo hizo apenas un par de años. Nobleza obliga, en un hipotético premio a la “eficiencia legislativa”, Lamberti se llevaría el primer puesto: no percibe sobresueldos, no tiene asesores y mantiene un fructuoso trabajo legislativo, con activa participación y gran conocimiento de normas y  procedimientos. Está visto que ¡Sí, se puede!

“Para hacer política en serio se necesita platita”, dicen que dijo alguna vez Cristina Fernández. La frase, por demás esclarecedora, no admite ideologías ni partidos. A la vista de los hechos, parece ser la única verdad que ha logrado el consenso capaz de superar la grieta.

Comentá con tu usuario de Facebook
Publicidad

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here