Toselli siempre se reinventa

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Por: Germán Thalman.

Cuando hace dos años el oficialismo perdía las elecciones de medio tiempo, el panorama parecía conducir a una debacle que lentamente terminaría por consumir a la gestión de Gonzalo Toselli,

Un gabinete desmembrado, repetidas renuncias y la oposición que se consolidaba en el Concejo, equilibrando fuerzas y alcanzando mayoría propia, marcaban un escenario poco alentador.

Sin embargo, ese extraño fenómeno político que representa el actual intendente logró, una vez más, recuperarse y volverse muy competitivo en términos electorales. Toselli y su equipo lograron capitalizar algunas virtudes propias y aprovechar los recurrentes fallos de la oposición, además de tener el oportunismo justo para decidir con pragmatismo la opción más conveniente para su porvenir, aunque sea contraria a los deseos más íntimos.

La buena sintonía con el gobierno provincial le permitió sostener un acelerado ritmo en las obras públicas y dejar en segundo plano otros puntos más opacos de su gestión: la situación descontrolada de la seguridad, la desprolijidad en el manejo de los recursos humanos y otras cuestiones administrativas, más un escaso aporte de áreas vitales, como la cultura, el desarrollo humano y la inversión productiva.

Solo una quimera podría truncar el sueño reeleccionista de Toselli. Con la buena ventaja obtenida en los comicios del pasado domingo, su principal adversario, Oscar Trinchieri, deberá apelar para aglutinar la totalidad de los votos que cosechó el Frente Juntos, seducir a la mayoría de quienes votaron en blanco, se ausentaron o lo hicieron de manera nula, hurgar incluso en los escasos votantes de Cambiemos, y potenciar ese histérico vínculo con el justicialismo, ahora que tiene chances reales de recuperar el gobierno provincial. Todo eso, junto, y sin errores.

Sin embargo, las primarias del domingo le dieron un revés al propio Toselli, aunque con su típica habilidad lo trató de disimular. La derrota de su candidata, Fabrina Girard, en las internas para concejales no estaba en los planes. La sobreexposición mediática fracasó ante el trabajo militante y territorial de la vencedora, Andrea Ochat, que con menos recursos se llevó la disputa. Pero Toselli apaciguó el mal humor, reconoció cierto exceso de confianza al postular una figura fuertemente identificada con la gestión, y hasta se animó a apropiarse del inesperado triunfo de Alejandra Porporatto (PDP) por su cercanía con al Frente Progresista, aunque hayan participado por fuera de la coalición y protagonizaron uno de los pocos cruces dialécticos en la etapa proselitista.

Toselli está en carrera. Pero la euforia es medida. ¿Se estará imaginando un mandato más parecido al de su primera gestión, en la que debió gobernar “a contramano” del signo político de la provincia? ¿O tendrá nuevamente un generoso respaldo, como el de esta experiencia, tan condescendiente con nuestra ciudad? En dos meses tendremos las respuestas.

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