El navegante de Menem

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Carlos Minardi puede decir, sin faltar a la verdad, que él fue responsable de marcarle la hoja de ruta a Carlos Menem.

Es que, literalmente, el reconocido empresario sunchalense cantaba curvas, saltos y pendientes cuando le tocó acompañarlo en un par carreras de rally, en tiempos en que el expresidente fue invitado a ser parte del equipo oficial Renault.

“En la previa a la campaña presidencial de 1989, Renault le preparó un auto para competir algunas carreras del torneo. Yo ya estaba en la escudería, con otros destacados personajes como los Batelli y Torrás”, rememora Minardi.

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“Para una de las pruebas del Campeonato Mundial, salimos de la sede del Automóvil Club en Buenos Aires, a las cero horas, y viajábamos toda la noche para largar en Córdoba el primer prime. Pero en General Cabrera se hacía un reagrupamiento y me tocó compartir la habitación con Menem. Y desde allí empezamos a forjar una amistad, que nunca vino por el lado político sino por el rally y los autos”, comenta.

Jorge Recalde, el eximio piloto cordobés, había iniciado su temporada en Europa y la automotriz francesa puso su R18 a disposición de quien por entonces era gobernador de La Rioja. “El auto que le daban a Carlos era el mejor del equipo. Sobraba por todos lados”, bromea Minardi recordando aquellas épocas.

Y recuerda una especial anécdota, en la bajada del Cerro Villa Nouguez, en Tucumán, una prueba clásica en la que se desarrolla gran velocidad en un terreno muy riesgoso. “‘Mire que esto anda fuerte, Doctor’, le dije. Y me respondió con su tonada riojana: ‘No se preocupe, io lo tengo dominado’. Bueno, le pegábamos con la cola y con la trompa a la montaña, pero no importaba, él siempre fue un ganador”.  

“Sencillez pueblerina”

“Menem tenía una sencillez pueblerina que nunca perdió”, afirma Minardi. “Fue un hombre muy abierto, así como se lo veía, con un humor y un carisma tremendo: Un ser atrapante, un conquistador”.

Piloto y tripulante mantuvieron el contacto aun cuando ambos asumieron responsabilidades muy diferentes. Pero la amistad perduró. Y eso permitió que muchos sunchalenses hayan podido visitarlo o tener algún contacto con el mandatario.

“Tenía una paz interior especial. Era un hombre bueno. No sembraba odios. Él podía darle un abrazo a quien no pensara como él. Y aunque cuando fue presidente lo tunearon un poco, nunca perdió su esencia: Él era un hombre más”, expresa Minardi.

Menem y Sunchales

El recientemente fallecido expresidente visitó Sunchales únicamente para el cincuentenario del grupo asegurador Sancor, en 1995. Pero había estado antes, siendo todavía gobernador de La Rioja, cuando la cooperativa láctea celebró su medio siglo de vida.

“En 1988, para los cincuenta años de SanCor, Menem estuvo en mi casa. Era la época previa a la elección presidencial. Ya se notaba que era un político de raza”, recuerda Minardi. Y agrega: “A diferencia del resto de los invitados, que entraban a la fiesta por el lado de la ruta 280, Menem ingresó por la portada principal. Y marcó su impronta, al punto que prácticamente lo dejó hablando solo a Alfonsín, que era el presidente”.  

Y evoca una anécdota más: “A Zulema le había gustado mucho un cuadro de Lily Bolatti, la recordada artista plástica de Sunchales, que se llamaba ‘La Creación’. Y un par de años después tuve la oportunidad de llevárselo, a la Quinta Presidencial de Olivos. Fue otro encuentro inolvidable”.

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