La inoportuna “fiestita” que organiza el municipio para ver el mundial

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Por Germán Thalman

Insólita e inoportuna es la propuesta que ha organizado el municipio local para que sus empleados puedan seguir el debut de la selección de Messi en el primer partido del mundial de Qatar.

A través de un video viralizado este viernes, funcionarios de primera línea dan precisas instrucciones convocando al personal para que se “junten a ver el partido” en los distintos puntos de televisación distribuidos en varios sectores de las dependencias municipales. La “movida” estará acompañada por “merchandising y bizcochitos (obviamente provistos por el municipio) para hacer más amena la jornada”, tal como alientan desde el Ejecutivo.

Por cierto, las autoridades se aseguraron de tener “una guardia mínima” para no desatender las obligaciones que, eventualmente, puedan ser requeridos para el servicio público.

Este tipo de acciones, por minúscula que parezca, no hace más que confirmar la distancia que separa a las esferas públicas del ciudadano común. Nadie duda que el Mundial es un evento convocante, que genera atractivos y moviliza pasiones. De hecho, se discute cómo se organizan las jornadas laborales en el sector privado, cómo será el dictado de clases y demás cuestiones que un evento de estas características genera. Pero llama la atención que una administración experimentada menosprecie tanto el servicio público y recaiga en gastos absolutamente innecesarios, por modestos que signifiquen, ante una situación socioeconómica claramente delicada.

El accionar de la administración local no desentona con otros vicios en los que suele caer con frecuencia, subestimando la capacidad crítica del ciudadano, de la prensa y hasta de los demás poderes del Estado. Un abuso de sus facultades que quedan evidenciadas en el incesante ingreso a la planta municipal de funcionarios sin antecedentes probados para desempeñarse en tareas profesionales o en aquellas que imponen un conocimiento cabal de la ciudad.

Es una crítica recurrente la demora en la rendición de pedidos de informes al Concejo, especialmente en lo referido al manejo del personal, como así también la deficiente o nula comunicación sobre nombramientos de personal político, un deber ineludible por parte del Ejecutivo.

La administración deberá entender que el crédito de más de 8000 votos con los que fue ungida no es eterno, ni significa una “Carta Blanca” para actuar al borde de la ética pública. La sociedad reclama compromiso, respeto y atención de temas que son urgentes, obviando los títulos rutilantes que quedan desenmascarados cuando se analiza la realidad concreta. La cuestión ambiental es una clara muestra de esta contradicción.

Otro ejemplo se da en la organización de eventos costosos, de los que solo participa parte del gabinete y una minoría VIP y sobre los que todavía pesan solicitudes de rendición de cuentas, suponiendo gastos abultados e innecesarios.

Sin caer en la demagogia, esta sintonía desfasada de la realidad y carente de empatía social no hace más que nutrir posturas radicalizadas y anti sistemas, que han venido creciendo de manera exponencial en todo el país. La figura de la casta y la promesa de liquidar el gasto público encuentran sustento ante hechos como los que se avecinan.

Aunque haya prisa por definir el destino de sus principales figuras, esta administración tiene todavía un año de mandato. Y debe honrarlo con eficacia, sin debilitar su liderazgo que hoy parece más preocupado por encontrar el salvoconducto futuro que cerrar con dignidad la gestión.

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