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Por: Germán Thalman.

El próximo domingo 22,  los sunchalenses definirán la composición del nuevo Concejo municipal, poniéndole fin a una campaña con escasas propuestas y tardíamente encendida recién por estos últimos días. El debate principal se centró en los planteos referidos al desequilibrio político dentro del cuerpo legislativo, habida cuenta de la mayoría absoluta que hoy ostenta el oficialismo y la necesidad de ajustar los mecanismos de control y comunicación de las acciones de gobierno.

El Frente Progresista juega con la mayor responsabilidad en esta elección. A la vara alta autoimpuesta por la necesidad de lograr un resultado favorable que convalide la gestión municipal de Gonzalo Toselli se suma, además, la intención de mantener las dos bancas que en diciembre finalizarán sus mandatos.  Si bien la continuidad de Leandro Lamberti debería darse por sentada, hacer “doblete” aparece como una tarea muy espinosa ante la consolidación de las ofertas opositoras.

Con este panorama, el oficialismo extrañamente optó por una estrategia más agresiva, enrareciendo el clima proselitista con acusaciones punzantes hacia todo el arco opositor, operaciones mediáticas y abusos de las facultades inherentes a la gestión de gobierno, llevadas al límite entre lo ético y lo legal. Curiosa decisión que no parece ser las más adecuada para sumar nuevas adhesiones a una estructura política que, a priori, cuenta con una solvente base de aceptación.

El justicialismo, que también tiene la misión de retener un escaño, repartirá aspiraciones y votos entre dos propuestas conocidas: la oficial, encabezada por el exintendente Ezequiel Bolatti, donde se aglutinan las dos principales agrupaciones peronistas de la ciudad y la “alternativa”, con Leandro Migliori, empujado al “exilio” partidario. A riesgo de que esta propuesta duplicada los deje a ambos sin nada, el resultado podrá darle a los referentes del justicialismo local una acertada lectura sobre las expectativas futuras que podrán manejar.

“Pancho” Trinchieri y su partido vecinal vuelven al ruedo político sin más propuestas que acrecentar la figura del líder y recalcar, hasta el hartazgo, letanías de gestiones pasadas que muchos sunchalenses ni siquiera vivenciaron. No obstante, esta campaña de excesiva austeridad (en términos reales y metafóricos), no deja de ser una incomodidad para el oficialismo que no ignora que si el exmandatario llega bien posicionado al Concejo será una “piedra en el zapato”, con ambiciones concretas de disputarles la Intendencia en 2019.

Una verdadera incógnita representa la candidatura de «Marita» Ferrero por el espacio de Cambiemos. La dirigente rural basó inteligentemente su campaña en anclar su imagen con la del Presidente Macri, sus funcionarios y el sello partidario, todos con probada aceptación en la ciudad. ¿Será suficiente esta jugada icónica para dar pelea en las urnas?

Igualmente incierto es aventurar proyecciones sobre las candidatas debutantes de la Coalición Demócrata. Tras una campaña pulcra que puso en perfecta horizontalidad al sexteto de postulantes, buscarán recompensar con votos el alto capital social que cada una de ellas supo forjar en sus labores dentro del ámbito privado. La eficacia de esa estrategia podrá convertirlas en una grata renovación del escenario político local o quedará solo en el recuerdo anecdótico de una experiencia innovadora.

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