La apertura del debate al movimiento feminista no tiene vuelta atrás.

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Por Luciana Paredes

Tomo la palabra para describir un proceso social que estamos viviendo actualmente en la Argentina, donde el activismo feminista ha tomado la voz para instalar el debate sobre un tema que se venía gritando en secreto hace muchos años en las agrupaciones que se alzan a favor de los derechos de las mujeres.

Este proceso social me tiene como protagonista, ya que siendo abogada, mujer y feminista, difícilmente pueda dar una mirada ajena en un tema que encendió la lucha de todas las que bregamos por un mundo donde las mujeres veamos consagrados todos nuestros derechos y libertades. Siguiendo las palabras de Mauricio Albarracin Caballero: “es indispensable que los activistas y abogados que participan de procesos de cambio social presente sus puntos de vista y realicen trabajos colaborativos de investigación sobre los procesos de los cuales han sido testigos o participes. Por esta razón este trabajo está hecho “desde adentro” y busca que se valoren esta clase de miradas”.

Cumple la función de disparador de este ensayo una nota periodística de Estefanía Pozzo, titulada “La victoria del activismo feminista en la Argentina”. En dicha nota, la autora desarrolla la implantación de este debate en la actualidad de nuestro país. “La discusión en el parlamento fue anunciada por Mauricio Macri en el discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso. Poco más de un mes después, el 10 de abril, comenzó el debate en la Cámara de Diputados.

Este logro se debe al esfuerzo continuo del movimiento de mujeres argentinas. El reclamo de distintos grupos de la sociedad civil por legalizar el aborto en el país tiene casi treinta años de historia, aunque el activismo feminista lleva trece años trabajando activamente para que el palacio legislativo discuta una nueva ley.

¿Por qué Macri, al frente de un gobierno conservador y quien se ha manifestado en público en contra del aborto, abre ahora la puerta a discutir una ley que lo permite? Para la oposición, la explicación ha sido que el gobierno buscó desviar la atención de los temas más apremiantes de su gestión (la persistente inflación, la posibilidad de una nueva crisis económica o las acusaciones a algunos miembros de su gobierno por administrar empresas en paraísos fiscales). Pero reducir la apertura del debate parlamentario sobre el aborto a una visión instrumental de Macri significa no entender el estado actual de la política argentina.

Mientras que Macri es cada vez más impopular y el sindicalismo tradicional ha estado sumido en una profunda crisis de conducción, el activismo feminista ha ganado impulso con una agenda clara. Gracias a ello, el movimiento de mujeres es uno de los actores políticos más activos y con mayor respaldo popular del tablero político argentino actual: solo en la capital del país, salieron a la calle 350.000 mujeres —de distintas clases, ideas y partidos políticos— durante la marcha del Día de la Mujer, el 8 de marzo.

Más allá de que pueda haber oportunismo político por parte de Macri, que el aborto legal se esté discutiendo hoy tiene que ver con la voz colectiva de las argentinas y con la  acumulación de experiencia política y años de militancia”. La lectura previa a la apertura de este debate que se perdió el poder político de turno, fue la existencia de un nuevo actor político que se venía gestando en el entramado social, este actor es el movimiento de mujeres argentinas que comenzó a organizarse, a agruparse y a repensarse a raíz de los femicidios ocurridos a partir del 2015. Las mujeres empezamos a salir a las calle pidiendo justicia ante el horror y la desesperación que causaba ver a nuestras pares morir de las formas más aberrantes y crueles en mano de los hombres y con un factor común nuestro género.

Le tocó el turno a las jóvenes, a las niñas y a las mayores, a las pobres y también a las mujeres con mejor pasar económico, sin dejar de lado a las travestis. Lo que al comienzo pareció un grupo heterogéneo de mujeres unidas solamente por la indignación y el repudio a la violencia machista, fue formando una masa de pensamiento crítico feminista entre sus integrantes que nos fue llevando a agruparnos con otros fines más ambiciosos, que buscan reclamar y exigir políticas públicas que den respuesta eficiente a las problemáticas  transversales del género femenino.

Para sorpresa de muchas y muchos, las mujeres que integrábamos estos movimientos femeninos veníamos trabajando hace mucho tiempo un posicionamiento claro sobre la necesidad de despenalizar el aborto en nuestro país, como una urgente necesidad de salud pública.

Tal como manifiesta Katharine T. Bartlett, “el posicionamiento es una postura desde la que un número de “verdades” aparentemente inconsistentes tienen sentido. La postura posicional reconoce la existencia de verdades, valores y conocimientos empíricos, así como contingencias. Por lo tanto, provee una base para el compromiso y la acción política feminista…” Desde ese pensamiento crítico de la realidad que nos rodea, las mujeres recorrimos un trayecto intelectual, tomando como base el conocimiento de la realidad que nos rodea, la cantidad de mujeres que mueren en el país a raíz de abortos clandestino, la persecución social y penal de aquellas que pudieron salvar su vida de esas prácticas, así como las dificultades y tortuosos impedimentos que sufren aquellas mujeres que quieren acceder al aborto legal en los casos excepcionales que la ley actual contempla.

El conocimiento en profundidad de estos datos que muestran la realidad de las mujeres en nuestro país, permitió que en pocos meses las mujeres instalen un debate de alto vuelo intelectual y jurídico en el Congreso de la Nación en defensa del proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo, dando respuestas sólidas y refutando cada uno de las posiciones extremas de aquellos que envueltos en sus creencias religiosas y prejuicios morales decidieron llamarse pro vida, con una clara intensión de manipulación a la sensibilidad social en contra del proyecto.

La lucha por el aborto legal, seguro y gratuito en Argentina no nació de un repollo verde ni de uno violeta…, fue producto de la constancia de mujeres desobedientes al mandato de maternidad obligatoria, dispuestas a romper las cadenas de la reproducción biológica como esclavitud.

Y acá estábamos, listas para dar ese debate las mujeres que nos agrupábamos en el interior del país. Que veníamos hace mucho tiempo elaborando nuestro posicionamiento sobre este tema, pensando nuestro contexto sociocultural y visualizando la necesidad de hablar de la despenalización del aborto. Hasta el momento de la apertura del debate en Diputados, nos encontrábamos limitadas por nuestro contexto social, inmerso en una comunidad altamente influenciada por la Iglesia Católica y por las ideas conservadoras, para gritar a los cuatro vientos nuestros pensamientos.

El amplio debate dado por el movimiento feminista y sus representes en todo el país, fueron armando el escenario que genero la intensa jornada de este 14 de junio de 2018 en el recinto de la Cámara de Diputados de la Nación. Después de semanas de movilizaciones, pañuelazos, encierros en facultades y colegios –incluso algunos religiosos–, cortes de calles y fuertes polémicas en los medios, llegó el momento de la votación

La votación fue muy reñida, con resultado incierto hasta el último minuto. Nunca en la historia del país tanta gente conoció el nombre de los legisladores: este vota a favor, aquel en contra, ese está indeciso, pero en su provincia presiona mucho la Iglesia, aquella todavía no dio su posición. Durante toda la noche –hubo más de 23 horas de debate– seguimos por televisión las palabras de los diputados, sumando puntos al conteo de votos a un lado y otro del tablero. En la calle, una multitud mantuvo la vigilia rodeando el edificio del Congreso, cientos de miles de mujeres con sus pañuelos verdes, una marea dispuesta a arrasar con todo. La Plaza había amanecido dividida por vallas, de un lado se ubicarían las manifestantes por el derecho al aborto, del otro, las organizaciones ‘antiderechos’, católicas y conservadoras, protegidas por la policía. En las calles, la superioridad numérica de las partidarias de la legalización del aborto fue abrumadora, mientras la otra esquina del ring quedó escuálida.
Desde el interior del país seguimos el debate desde nuestras casas y trabajos con la misma adrenalina y emoción que viven algunos hombres la final de los mundiales de fútbol. Por 129 votos a favor y 125 en contra, se aprobó la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en la Cámara baja. En los alrededores del Congreso y en decenas de universidades y colegios ocupados en todo el país y en el interior de cada una de las organizaciones feministas estallaron los gritos de emoción, los llantos y los abrazos.

Si bien sabemos que queda un último trayecto para lograr que esta meta jurídica histórica en la consagración de los derechos de la mujer sea ley, cual es el paso y aprobación en el Senado; las que pertenecemos y militamos esta causa desde adentro sentimos en lo más profundo de nuestro ser que no hay retorno en este debate.

Florencia Angilletta es coautora del libro ¿El futuro es feminista? nos habla del fenómeno que sucede en la Argentina y lo describe como una “adrenalínica, confusa, compleja, avasallante e irreversible modificación de los estados de la imaginación pública, política y social”. Las transformaciones «que atravesamos y que seguimos atravesando, impulsadas por un movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans, cuya genealogía se remonta hace muchísimos años, pero que encuentra en estos tiempos una masividad y una posibilidad de saltar, de trascender, y de construir alianzas, posibilidades de intervenciones con sectores amplísimos de la sociedad, y eso redunda en mayor igualdad para mujeres y cuerpos gestantes».

Aprobar esta ley es importante porque garantiza «una mayor igualdad de las mujeres y los cuerpos gestantes que hoy por hoy abortan en la clandestinidad. Y porque, además, garantizaría una mayor igualdad, de aquellas mujeres y cuerpos gestantes que atraviesan contextos de vulnerabilidad, y que las condiciones de clandestinidad del aborto muchas veces las empujan a poner en riesgo su salud, o incluso, a la muerte», explica.

Todo esto me lleva reafirmar, que más allá del resultado que obtengamos en el Senado este 8 de agosto, hay un cambio que ya no tienen vuelta atrás: “el debate que se ha generado en torno a la aprobación de esta ley ha posibilitado una discusión muchísimo más amplia sobre los cuerpos y las subjetividades de mujeres, lesbianas, travestis y trans. Está ocurriendo una reconfiguración irreversible, de cambios profundos. No pasa un día en la Argentina, en el que una mujer o cuerpo gestante, no se encuentre con otra y comparta alguna conversación sobre la sexualidad que posiblemente antes de todo este debate
jamás se hubiera dado de la misma manera».

Hoy no estamos discutiendo si aborto si o aborto no. No estamos discutiendo las creencias religiosas con nadie. Hoy estamos discutiendo si el aborto seguirá siendo clandestino o va a haber aborto legal para que no mueran más mujeres.

A pesar de gobernar un modelo neoliberal, que en general recorre un camino de recortes de derechos de los sectores populares y de los trabajadores, el movimiento de mujeres está discutiendo una agenda transversal de ampliación de derechos, como protagonista activo de la vida política de este país.

La presión de los distintos colectivos ha sido tan grande que cuando llegó la oportunidad muchas mujeres estaban preparadas con un pañuelo verde a la puerta del Congreso o en la plaza de nuestro pueblo. En este momento histórico y en este lugar de interior del país, esas mujeres que integramos un movimiento femenino que nació desde el horror y el sentimiento de injusticia, pero que vislumbro que era necesario juntarnos y organizarnos para repensarnos, que se preparaba ansiosas hace años atrás para dar debate a la necesidad de consagración de nuestros derechos; hemos sabido capitalizar esta oportunidad única de ser escuchadas y hemos tomada la palabra. Nos animamos a que vean la luz nuestros profundos pensamientos y debates sobre la necesidad de no ser perseguidas por nuestras elecciones de vida.

A pesar de la resistencia de la sociedad conservadora y de las propias mujeres que les cuesta pegar el salto para salir del sistema patriarcal al que están inmersas, pudimos hacernos escuchar, pudimos sembrar la semilla del cuestionamiento de lo impuesto. Más allá de nuestro fuerte deseo de que sea ley, el debate instaurado por este nuevo actor social “el movimiento feminista” no tiene retorno.

El futuro es feminista y en todo el territorio nacional no hay una sola mujer que no sea feminista. Como dice Alfonsina Storni, “podrá no querer participar en la lucha política pero sin embargo desde el momento que piensa y discute en voz alta las ventajas y “los errores” del feminismo es ya una feminista, pues el feminismo es el ejercicio del pensamiento de la mujer”.

Luciana Paredes, es abogada, mediadora. Integra «La Viaraza Colectiva». El ensayo pertenece a su ponencia en el marco del Curso «Abogacía Feminista».

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