


Pericias bajo la lupa: cuando la impugnación judicial cuestiona a la propia Psicología







En los últimos años observo con preocupación una modalidad que se repite cada vez con mayor frecuencia en algunos procesos judiciales. No me refiero a las impugnaciones fundadas técnicamente —que son necesarias, enriquecen el debate científico y forman parte del debido proceso— sino a aquellas que, con el propósito de desacreditar una pericia, terminan desconociendo principios básicos de la evaluación psicológica.


Llama la atención que esto ocurra, muchas veces, entre colegas psicólogos. Mientras otras disciplinas suelen debatir desde diferentes criterios técnicos sin poner en duda el método de su propia ciencia, en Psicología todavía asistimos a situaciones en las que se pretende deslegitimar herramientas, procedimientos y fundamentos ampliamente reconocidos por nuestra disciplina.
Resulta frecuente que se solicite al perito oficial que explique qué "arrojó" cada técnica administrada, que transcriba protocolos completos, que detalle cada indicador observado o que fundamente sus conclusiones reproduciendo el contenido íntegro de las técnicas psicodiagnósticas.
Sin embargo, quienes trabajamos en Psicología sabemos que el psicodiagnóstico no funciona de ese modo.
Como señala Helena Lunazzi, el psicodiagnóstico no es una simple aplicación de pruebas. Es un encuentro humano íntimo, único e irrepetible. Cada técnica adquiere significado únicamente dentro de un proceso diagnóstico integral, en el que la entrevista clínica, la observación, la conducta durante la evaluación, la historia vital y las distintas herramientas administradas convergen para construir una comprensión clínica.Ninguna técnica posee valor interpretativo por sí sola ni puede ser escindida del contexto en el que fue producida.
Por ello, exigir que un protocolo sea presentado aisladamente o que se expliquen individualmente los indicadores de cada técnica desconoce la lógica misma del método psicodiagnóstico. Además, supone riesgos importantes: favorece interpretaciones descontextualizadas, vulnera la reserva metodológica de los instrumentos y compromete la protección del material técnico.
Asimismo, facilita que personas evaluadas puedan conocer en detalle indicadores cuya difusión indiscriminada puede afectar la validez futura de las evaluaciones, incluyendo la posibilidad de simular, disimular o preparar respuestas.
No es casual que, en los espacios de formación especializados, cuando participan profesionales ajenos a la Psicología, los docentes eviten exponer públicamente determinados indicadores específicos de las técnicas proyectivas y psicodiagnósticas. Esa reserva no responde a un criterio corporativo; responde a principios científicos, metodológicos y éticos destinados a preservar la validez de los instrumentos y proteger a las personas evaluadas.
Del mismo modo, la elección de la batería de evaluación constituye una decisión técnica del profesional actuante. No existe una batería universalmente obligatoria. El perito selecciona las herramientas que considera pertinentes según el objeto de pericia, las características del caso y su criterio profesional, integrando posteriormente toda la información obtenida para arribar a sus conclusiones.
Existe, además, otro aspecto que merece una reflexión. La Psicología no es una disciplina rígida ni uniforme. Dentro del marco científico existen distintos modelos teóricos, diferentes procedimientos de evaluación y diversas modalidades de administración e interpretación de las técnicas, todas ellas desarrolladas y fundamentadas por autores de reconocida trayectoria.
Por ello, el hecho de que un colega administre una técnica de un modo diferente al que otro aprendió durante su formación, o utilice una batería distinta para responder a un mismo objeto pericial, no constituye por sí mismo un error metodológico ni invalida sus conclusiones. La diversidad de enfoques forma parte del desarrollo de la ciencia y exige de nosotros una actitud de permanente actualización y apertura al conocimiento.
Como psicólogos debemos ejercer nuestra tarea con la suficiente humildad intelectual para reconocer que nuestra formación, por sólida que sea, no agota el conocimiento de la disciplina. Ninguno de nosotros es dueño de una única verdad metodológica. Antes de descalificar el trabajo de un colega, corresponde preguntarnos si conocemos los fundamentos teóricos desde los cuales ese profesional está trabajando.
Confundir diferencias de criterio con errores científicos conduce a un posicionamiento dogmático que empobrece la discusión académica. La ciencia avanza precisamente porque admite la coexistencia de distintos modelos y procedimientos, siempre que éstos se encuentren debidamente fundamentados y respeten los principios éticos y metodológicos de la profesión.
Quizás uno de los mayores desafíos de la Psicología Forense sea sostener el debate técnico sin caer en la descalificación de aquello que simplemente no coincide con nuestra propia formación o experiencia.
Cuestionar una conclusión cuando existen fundamentos científicos es parte del ejercicio profesional; invalidar un procedimiento únicamente porque "yo no lo hago así" o "a mí me lo enseñaron de otra manera" no fortalece la disciplina, sino que la reduce a una lógica de certezas personales incompatible con el pensamiento científico.
Esto no significa que una pericia sea incuestionable. Todo lo contrario. Las conclusiones pueden y deben ser discutidas cuando existan fundamentos científicos que permitan demostrar errores metodológicos, inconsistencias diagnósticas o inferencias incorrectas. Ese intercambio fortalece la disciplina.
Pero discutir una conclusión no debería implicar desconocer los fundamentos de la Psicología ni exigir procedimientos incompatibles con el propio método científico que utilizamos.Quienes intervenimos como peritos —ya sea de oficio o de parte— prestamos compromiso como psicólogos antes que como auxiliares de una de las partes. Nuestra primera responsabilidad es con la ciencia, con la ética profesional y con las personas que evaluamos.
La imparcialidad no depende de quién nos designa, sino del compromiso con el conocimiento científico y con los principios de nuestra profesión.Quizás sea momento de preguntarnos si, al intentar cuestionar una pericia, no estamos contribuyendo, muchas veces sin advertirlo, a debilitar la credibilidad de la propia Psicología Forense.
Creo que ese es un debate que merece ser dado entre colegas.




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