


Los ediles se despidieron sin disimular el enrarecido clima del Concejo
Germán Thalman






Como un grifo que no termina de cerrarse, la última sesión del Concejo municipal, en la que asumieron los nuevos ediles, volvió a dejar señales de la inocultable tensión con la que el cuerpo deliberativo despide el año.
Desde lo discursivo y lo gestual se evidenciaron rispideces e incomodidades que fueron fácilmente percibidas, tanto por los presentes como por quienes siguieron el acto oficial a través de las redes sociales.
Es que los concejales salientes no dejaron pasar la última chance de hablar en el ejercicio de sus funciones y descartaron discursos meramente protocolares para remarcar críticas y sinsabores que se generaron tras la inédita situación que este año atravesó el Concejo. Y también cuestionaron los vicios de la política, sintetizados en términos como roscas, aprietes y opinólogos, además de denunciar el destrato que, a entender de alguno, sufrió el Concejo por parte del Ejecutivo.


“Hay demasiados opinólogos y muy pocos defensores de la verdad”, expresó la concejala Ferrero y pidió que, más allá de las ideologías, los ediles prioricen la responsabilidad que la comunidad les otorgó con su voto. Y sobre el trabajo legislativo recalcó que “hubo momentos donde la hipocresía, el egoísmo y la soberbia prevalecieron sobre el diálogo y el razonamiento”, pero destacó haber podido construir buenas iniciativas con pares que responden a ideologías diferentes, valorando especialmente a la concejala Ochat.
“Si nos quedamos en el egoísmo y la especulación vamos a errar el camino”, insistió la saliente concejala del Pro y se despidió especulando con la posibilidad de regresar a la función pública en un futuro cercano.
En la misma línea, la concejala Paredes resumió sus “intensos ocho meses de trabajo” convencida de haber cumplido el compromiso ético con la comunidad y haber enfrentado con coherencia las numerosas situaciones difíciles que atravesó este Concejo.
Además, ironizó sobre la acción política diciendo que “hice un post grado acelerado de las malas prácticas naturalizadas, la rosca, las manipulaciones, las negociaciones por la espalda y las decisiones autoritarias disfrazadas de colectivas”, en inocultable cuestionamiento al partido socialista local.
Y dedicó un párrafo para valorar “lo difícil que es ser mujer, idealista y con convicciones en un mundo donde solo se dice lo que la gente quiere escuchar”. “Mantenerse firme es un desafío, una misión casi titánica, pero que reconforta el alma”, concluyó.
A su turno, Trinchieri, en lo que podría haber sido su Last Dance en la gestión pública, apeló a un discurso más moderado, pero no esquivó las críticas al Ejecutivo: “Siento que no se trabajó de un modo suficientemente articulado” y cuestionó la falta de comunicación oficial sobre actos relevantes para la comunidad como así también la ausencia de respuestas a los pedidos de informes realizados como parte de su deber de contralor.
En modo más emotivo, Trinchieri evocó que exactamente treinta años atrás le tocó asumir su primer mandato como intendente y recordó, como habitualmente hace, la figura de su padre Aldo, fundador del partido vecinalista.
“Me voy con la tranquilidad de haber trabajado con responsabilidad, compromiso y dedicación, defendiendo mis valores y convicciones, poniendo siempre por delante el interés general por sobre el bien personal”, culminó.
Los nuevos concejales
Tras el formalismo de la jura, los ediles electos debutaron en el uso de la palabra con mensajes sobrios, haciendo eje en los agradecimientos y los respaldos partidarios.
En primer turno, Giusti destacó el perfil renovador de su espacio político y reivindicó el compromiso de trabajar por la comunidad augurando que el Concejo y el Ejecutivo sean instituciones “de puertas abiertas” dispuestas a dialogar y acordar.
Ghiano, en tanto, planteó que “la mejor manera de hacer políticas públicas es estando cerca de las instituciones, del sector privado y de la gente”, repitiendo su compromiso de visitar frecuentemente todos los barrios de la ciudad.
Para el final, Dobler, con un mensaje de mayor contenido político, reivindicó los preceptos del mérito y del trabajo como base del crecimiento social y pidió que la clase política recomponga su vínculo con la comunidad “con trabajo, haciendo las cosas bien y estando cerca de la gente”.




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