Cuando las promesas engañan

0
1251


Por Germán Thalman

El gobierno de Pablo Pinotti se pone en marcha con una confusa situación que opaca el rutilante éxito electoral que lo depositó en la intendencia municipal.

El desembarco de Andrea Ochat como secretaria de Gobierno de la nueva gestión presenta, cuanto menos, un par de miradas críticas que repercuten en el humor social.

Esta semana, Ochat debería estar reasumiendo su banca de concejal, cumpliendo con el mandato que le delegó la comunidad en los últimos comicios. Sin embargo, aun cuando la hipótesis se venía manejando desde el mismo momento en que se oficializaron las listas de candidatos, la chance se confirmó en las últimas horas, tras el adelanto de este medio. En definitiva, la concejala no continuará en funciones legislativas y pasará a ser una de las piezas claves del nuevo departamento Ejecutivo.

Como justificó anticipadamente el electo intendente, éstas son prácticas frecuentes en la política. No obstante, dejan un sabor raro y generan dudas respecto de los compromisos que se asumen en una campaña electoral. Y eso se magnifica si provienen de un espacio que prioriza los valores de la transparencia, el orden institucional y la pulcritud en los manejos administrativos.

El movimiento de Ochat es legítimo, no incumple normativas ni presupone actos espurios. Incluso, es lógica la designación de la experimentada concejala para ocupar la secretaria de Gobierno, confiando en su expertise para apuntalar una gestión novata.

La controversia pasa, entonces, por una posición ética. Ochat -y su partido- están incumpliendo el contrato social que rubricó con los 4518 sunchalenses que la eligieron para representarlos desde una banca, como cabeza de una lista que se impuso con holgura en julio pasado.

Ante este escenario, caben dos preguntas. ¿Fue ésta una estrategia planificada desde su génesis o se impuso como consecuencia de una necesidad urgente para cubrir un puesto clave del nuevo gabinete?

En cualquier caso, ninguna opción es excusable. En el primer supuesto, estaríamos ante una suerte de “estafa electoral”, que se expresa en las candidaturas testimoniales. No son pocos los que le asignan a esa maniobra una conducta reñida con la ética y hasta sostienen que debe considerarse una infracción punible. En la segunda hipótesis, resulta curioso que un equipo que se preparó seriamente para gobernar, no haya tenido “cerrado” con suficiente antelación uno de los cargos más preponderantes de la administración.

A lo largo de la campaña, Pinotti y su grupo han dado sobradas muestras de un hábil pragmatismo. Primero, con la inscripción de un partido distrital que evitó confrontar en internas. Luego, sumándose a los vencedores para capitalizar contactos. Más tarde, moviéndose con argucia entre candidatos nacionales, apostando por Schiaretti primero y Massa después. Como vienen las cosas, estamos a un tris de verlos militar por Milei, aunque el libertario no escatime agravios hacia la ideología socialista. Con ese método, que privilegia el fin más que los medios, nada debería reclamársele al futuro intendente. La dinámica de la política en su máxima expresión.

Finalmente, hay otro aspecto que no debería pasar inadvertido. Si bien el gabinete se muestra amplio con saludables incorporaciones que renuevan el aire político local, lo cierto es que se mantiene un núcleo duro, hermético y reducido, por donde pasan las principales medidas. Y allí no hay lugar para variar el camino condicionados por el humor social: Se toman decisiones, se sostienen con argumentos respetables, se defienden, aunque generen descontento y se acepta el costo político que puedan provocar.

La Ordenanza que refiere a la ética en la función pública local declara que ésta es una de las demandas más urgentes de la sociedad, y que por lo tanto se requiere adecuar el marco normativo para establecer claramente los márgenes de ética e idoneidad que no se deben trasponer, para facilitar el control del desempeño de los funcionarios públicos.

Se podrá insistir con el argumento de que lo que no está prohibido está permitido. Por lo tanto, nada impide que dos familiares directos sean parte del gabinete de gobierno, en la primera línea de la gestión. Quedará a interpretación de la ciudadanía si esta práctica es aceptable o supone un vicio moral.

La nueva gestión tiene por delante desafíos importantes que, desde el próximo domingo, deberá empezar a saldar. En sus aciertos, muy probablemente, este inicio errático quede disimulado.