


El sable de San Martín bajo la mirada de un Passo: secretos de un acero que hizo historia
Germán Thalman




No es una pieza de museo inerte ni un objeto de malabarismo ceremonial. El sable corvo fue un arma de ataque, diseñada para el fragor de la carga de caballería. En una charla que recorre el linaje y la verdad histórica, Mario Passo —descendiente del secretario de la Primera Junta— nos revela por qué este símbolo árabe y turco sigue siendo el corazón de la soberanía argentina. Entre anécdotas familiares, Passo explica por qué el honor de la patria no puede estar en mejores manos que las de sus Granaderos.
El acero del Libertador: técnica y combate
Para entender la verdadera dimensión de este objeto, es necesario despojarlo de su aura puramente ornamental. Mario Passo —cuya autoridad combina el linaje familiar con su formación como esgrimista— describe el sable como una pieza táctica de origen árabe y turco, diseñada específicamente para la efectividad en el campo de batalla. Su fisonomía de "filo, contrafilo y punta" lo define como una herramienta de ataque frontal y no como un simple accesorio de mando.
Passo fue tajante al explicar que no estamos ante un objeto de protocolo: "No fue diseñado para el malabarismo ni para lucirlo en desfiles; este era un sable de guerra, pensado para la carga de caballería".
Lejos de ser una reliquia de vitrina que nunca vio acción, el entrevistado sostiene que San Martín confió en la destreza de este acero en los momentos más críticos de la emancipación americana. Según Passo, el General no solo lo portó, sino que lo empuñó personalmente en el bautismo de San Lorenzo y durante las decisivas jornadas de Chacabuco y Maipú, donde la técnica militar y el arma se fundieron en combate.
El compañero de una gesta continental
Este sable no fue un testigo silencioso, sino el compañero constante en cada paso de la liberación americana. Mario Passo enfatiza que San Martín lo llevó consigo en todas las campañas en las que participó para lograr la Independencia. Desde el cruce de los Andes hasta la entrada en Lima, el acero corvo estuvo presente en la mano del General, simbolizando su autoridad y su compromiso con la libertad de los pueblos.
Para Passo, la relevancia del arma radica en que no hubo un momento de la gesta donde el Libertador se desprendiera de ella. Fue su herramienta de defensa y ataque desde que organizó el Regimiento de Granaderos a Caballo en las Provincias Unidas hasta consolidar la emancipación en territorio chileno y peruano.
Un legado de honor hacia Juan Manuel de Rosas
El destino final del sable, por voluntad expresa de su dueño, marcó un hito en la historia política argentina. Al redactar su testamento, San Martín decidió legar su arma más preciada al General Juan Manuel de Rosas. Passo destaca que este gesto no fue casual, sino un reconocimiento directo a la firmeza de Rosas frente a las agresiones externas.
Al respecto, Passo aporta una mirada cargada de significado histórico sobre esta decisión: "Él dona por testamento el sable al General Rosas en gratitud por su actitud frente al bloqueo anglo-francés".
Este acto unió simbólicamente a dos figuras preponderantes de nuestra historia. San Martín veía en la defensa de la soberanía nacional que ejercía Rosas la continuidad de la lucha que él mismo había iniciado con ese sable años atrás. Según explica Passo, este legado transformó al objeto de una herramienta militar en un emblema de resistencia patria que, años más tarde, la propia familia de Rosas decidiría entregar para la custodia de la Nación.
Custodia y seguridad: el regreso a los Granaderos
Tras la muerte de Juan Manuel de Rosas, su familia decidió que el sable debía integrarse al patrimonio nacional. Sin embargo, lo que comenzó como una entrega para su resguardo en el Museo Histórico Nacional, pronto se transformó en una preocupación. Mario Passo recuerda que las instituciones civiles no siempre garantizaron la protección de estos tesoros, y el caso del sable es el ejemplo más dramático: en la década del 60, el arma fue sustraída en dos oportunidades por militantes de la Juventud Peronista con fines de presión política.
Ante esta vulnerabilidad, Passo relata que en 1967 el gobierno de Juan Carlos Onganía decidió trasladar el sable al Regimiento de Granaderos a Caballo para asegurar su custodia militar. Sin embargo, ese no sería su destino final: en 2015, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, el arma fue trasladada nuevamente al Museo Histórico Nacional.
Para Passo, este vaivén institucional y la falta de medidas de seguridad adecuadas en los museos civiles —donde incluso se han sufrido robos recientes de otras reliquias— fundamentaron la necesidad de un regreso definitivo al ámbito militar. Sobre esta fragilidad, el entrevistado es terminante: "El Museo Histórico Nacional no es un lugar seguro para guardar absolutamente nada. Los elementos de la patria no pueden estar en manos de fanáticos que no tienen la menor idea de lo que tienen en la mano".
Esta convicción es la que lo lleva a reivindicar la decisión actual de que el acero corvo descanse en el Regimiento de Granaderos a Caballo. Según su relato, el regimiento no es solo una unidad de combate, sino un monumento histórico nacional que alberga con honor el rosario y el oratorio del General, brindando un entorno de respeto y custodia permanente. Passo concluye reafirmando que este es el lugar donde la historia y la seguridad se encuentran: "Es el mejor lugar de guarda. Cualquier argentino tiene acceso libre y gratuito para subir las escalinatas y ver ese sable histórico que allí va a estar para siempre".
La misión de los herederos: educar en valores
Más allá de la custodia de los objetos físicos, la tarea de Mario Passo al frente de la Asociación de Fundadores de la Patria —integrada por descendientes de los protagonistas de la independencia— se centra en el legado inmaterial. Para Passo, la historia no debe ser una anécdota del pasado, sino un espejo donde la dirigencia y la sociedad actual puedan mirarse para resolver los problemas del presente.
El entrevistado destacó que nuestro país posee una "epopeya civil" de abogados, médicos y sacerdotes que, junto a la gesta militar, sentaron las bases de la nación. En ese sentido, la Asociación recorre escuelas y universidades de todo el país de forma gratuita para transmitir no solo datos, sino el valor del compromiso patriótico. "Sería bueno que tomáramos el ejemplo de algunos de ellos para imitarlos", reflexionó Passo, resaltando que la verdadera vigencia del sable y de los próceres reside en nuestra capacidad de replicar su entrega y su visión de país.




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